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miércoles, 30 de mayo de 2012

LAS ALAS DEL ESPIRITU SANTO




Dame, Espíritu Santo, tus alas de SABIDURIA.
Para apreciar, no tanto las letras con las que se es poderoso
en la tierra, cuanto el deseo de ver a Dios en las pequeñas
cosas de cada jornada. No es sabio quien sabe sino aquel,
que es consciente de que sabe poco.

Dame, Espíritu Santo, tus alas de INTELIGENCIA.
Para que pueda descubrir tantos secretos escondidos que,
aparentemente, son inapreciables a mi vista.
Que te vea en lo invisible.

Dame, Espíritu Santo, tus alas de CONSEJO.
Para que pueda conducir lo que digo y hago, lo que me dicen
y lo que me hacen, hacia la voluntad de Dios.
Que no me equivoque ni equivoque.

Dame, Espíritu Santo, tus alas de FORTALEZA.
Para que, en las dificultades en el vuelo de mi existencia cristiana,
me sienta protegido y arropado por la mano poderosa de Dios.

Dame, Espíritu Santo, tus alas de CIENCIA.
Para no anteponer la fe a la cultura, para iluminar
los acontecimientos del mundo con la transparencia de la fe.
Que no me acobarde cuando no me entiendan ni comprendan
mis planteamientos cristianos.

Dame, Espíritu Santo, tus alas de PIEDAD.
Para que nunca me olvide del Señor que habita en el cielo y,
por otro lado, para que no viva de espaldas a los sufrimientos
de los que viven en la tierra.

Dame, Espíritu Santo, tus alas de TEMOR DE DIOS.
Para que pueda huir de mi vanidad y egocentrismo y, en cambio,
sepa valorar la presencia de un Dios que –al final de mis días-
me espera. Que, sabiendo que Dios me aguarda, camine
en la tierra con la sensación de que no puedo permitir aquello
que me distancia de El.

P. Javier Leoz.


domingo, 27 de mayo de 2012

DONES Y FRUTOS DEL ESPIRITU SANTO




Los siete dones del Espíritu Santo son:

Don de Ciencia, es el don del Espíritu Santo que nos permite acceder al conocimiento. Es la luz invocada por el cristiano para sostener la fe del bautismo. 

Don de Consejo, saber decidir con acierto, aconsejar a los otros fácilmente y en el momento necesario conforme a la voluntad de Dios. 

Don de Fortaleza, es el don que el Espíritu Santo concede al fiel, ayuda en la perseverancia, es una fuerza sobrenatural. 

Don de Inteligencia, es el del Espíritu Santo que nos lleva al camino de la contemplación, camino para acercarse a Dios. 

Don de Piedad, el corazón del cristiano no debe ser ni frío ni indiferente. El calor en la fe y el cumplimiento del bien es el don de la piedad, que el Espíritu Santo derrama en las almas. 

Don de Sabiduría, es concedido por el Espíritu Santo que nos permite apreciar lo que vemos, lo que presentimos de la obra divina. 

Don de Temor, es el don que nos salva del orgullo, sabiendo que lo debemos todo a la misericordia divina. 

Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David. Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas.


Los frutos el Espíritu Santo son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna.  La tradicion de la Iglesia enumera doce:


Caridad. 
Gozo. 
Paz. 
Paciencia. 
Longanimidad. 
Bondad. 
Benignidad. 
Mansedumbre. 
Fe. 
Modestia. 
Continencia. 
Castidad. 


Faltas contra el Espíritu Santo:

Desesperar de la misericordia de Dios. 
Presunción de salvarse sin ningún mérito. 
La impugnación de la verdad conocida. 
La envidia de los bienes espirituales del prójimo. 
La obstinación en el pecado. 
La impenitencia final.


miércoles, 23 de mayo de 2012

ESPIRITU SANTO, ALMA DE MI ALMA



Espiritu Santo, eres el alma de mi alma, te adoro humildemente.
Iluminame, fortificame, guiame, consuelame.
Y en cuanto corresponde al plan, 
Eterno Padre Dios, revelame tus deseos.
Dame a conocer lo que el Amor eterno desea de mi.
Dame a conocer lo que debo realizar.
Dame a conocer lo que debo sufrir.
Dame a conocer lo que con silenciosa modestia 
y en oracion, debo aceptar, cargar y soportar.
Si, Espiritu Santo, 
dame a conocer tu voluntad y la voluntad del Padre.
Pues toda mi vida no quiero ser otra cosa 
que un continuado perpetuo si 
a los deseos y querer del Eterno Padre Dios.

Amen.